En
la obra de Prestell, el
mensaje que recibimos es primordial, antiquísimo,
casi olvidado.
Viene de un pasado ancestral y por ello,
magnífico, poético, misterioso,
de una fascinación poderosa y sutílísima
a la vez.
En puridad, cabe hablar no de un mensaje,
sino de una serie numerosísima
de fragmentos de mensajes.
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